jueves, 9 de agosto de 2012

Un jardín para el amor y la música




El guitarrista y crítico musical de El Norte de Castilla, Luis Hidalgo, en el Jardín de Fromkes de la capital segoviana. (Foto: Antonio Tanarro)

El Jardín de Fromkes me evoca sentimientos de paz, belleza y felicidad; es un lugar mágico en el que tanto la vista como el oído tienen oportunidad para el deleite.
            No puedo dejar de asociar la música con el jardín y es que muchas fueron las tardes que allí pasé tocando la guitarra con buenos amigos en adolescentes tardes primaverales. Y si bajo el precioso arrullo de la fuente, me asomo a la  espectacular vista del valle del Eresma y observo los monasterios de San Vicente el Real, El Parral y la iglesia de la Vera Cruz, en mi cabeza resuenan ecos de canto gregoriano que, como origen del arte sonoro, tanto me ha ayudado a formar mi personalidad musical.
            Lugar para la confidencia como pocos, fue marco de feliz y fructífera declaración de amor que siempre renace en mi memoria.

Publicado en El Norte de Castilla el 7-8-2012 

Que hable el corazón



Que hable el corazón







Arcángel, cantaor
Fahmi Alqhai, viola de gamba y director
Accademia del Piacere
Las idas y las vueltas: músicas mestizas
Patio de Armas de El Alcázar

Luis Hidalgo Martín

            Un encuentro de músicos  de distinta procedencia que tienden puentes para hacer música y dejar que hable el corazón. Esa fue la propuesta del violagambista Fahmi Alqhai, el cantaor Arcángel y la Accademia del Piacere para cerrar exitosamente el Festival de Segovia. En una velada de genuino derroche artístico que era también un reencuentro del público con unos artistas que en su mayoría, ya como solistas o formando parte de otras agrupaciones, han pasado a lo largo de los años por este ciclo. Arcángel y el guitarrista flamenco Miguel Ángel Cortés, el laudista y guitarrista Enrique Solinís, los violagambistas Fahmi Alqhai y Rodney Prada o esa leyenda de la percusión en España que es Pedro Esteban, tienen su huella en la historia musical segoviana al haber puesto su sello interpretativo en el Festival Joven, la Semana de Música de Cámara o la sección En Abierto del Festival.
            Hasta ahora la mayoría de mis críticas sobre conciertos que fusionan distintos estilos se han caracterizado por la decepción. No porque personalmente desconfíe de que esa vía pueda ser fructífera, sino porque considero que en demasiadas ocasiones uno de los estilos acaba plegándose a los designios de otro. Pero en esta ocasión, Fahmi Alqhai, Arcángel y todos sus músicos colaboradores, cargadas sus alforjas de sugestivos ritmos  y melodías renacentistas, barrocas y flamencas, han sabido recorrer con humildad una equilibrada senda de mutua aceptación, respeto, admiración, curiosidad y fantasía que les ha conducido a una música superlativa, que deslumbra por su belleza, pasión y capacidad expresiva.         
            El cante sensible a la vez que vigoroso, pleno de colores vocales y de arrebatadora expresión de Arcángel, tuvo siempre respuesta en las variadas instrumentaciones lideradas por Fahmi Alqhai caracterizadas por la belleza armónica, la fantasía melódica y el constante juego rítmico de las antiguas danzas.
            Todos los músicos, sin excepción, contribuyeron al embrujo de un concierto repleto de momentos memorables como los creados en el diálogo vocal entre Arcángel y la soprano Mariví Blasco en Tres morillas, una canción que recogida en el Cancionero de Palacio seguramente ya sonara en el Alcázar en época de los Reyes Católicos; en la intensidad rítmica y el virtuosismo de las violas de la Seguiriya, en las cristalinas Alegrías de Cádiz, con unas bellísimas falsetas de la guitarra flamenca;  en las resonantes campanelas de la guitarra barroca durante las Marionas que desembocaron en los febriles Canarios de Gaspar Sánz; en las ornamentaciones de la flauta en las Xácaras, en la variedad dinámica de las percusiones durante las Bulerías....
             Tantos momentos que no sirve contarlos, pues este es uno de esos conciertos en los que no basta con felicitar a los músicos, también al público por haber tenido oportunidad de ver, escuchar y disfrutar.

Publicado en El Norte de Castilla el 31-7-2012



viernes, 3 de agosto de 2012


En la fragua de Vulcano


Psappha Ensamble de Percusiones
Fernando Correa, Alejandro Inda, Edmundo Langner y Diego Rojas, percusión
Obras de Westlake, Zivkovic, Barber, de Mey, Reich, Infanzón, Rodríguez y Argenziano
Patio de la Casa de la Moneda

Luis Hidalgo Martín

            Para el concierto del arrollador cuarteto mexicano Psappha Ensamble de Percusiones, la Fundación Juan de Borbón, organizadora del Festival de Segovia, propuso el Patio de la Casa de la Moneda. Aunque ya se habían celebrado en tan singular marco dos conciertos, esta era mi primera visita a un lugar que me sorprendió por la belleza (tanto por la propia como la de las vistas que brinda a medio camino entre El Parral y El Alcázar) y entusiasmó por las posibilidades musicales que ofrece. Y es que las dimensiones del lugar, la sobriedad constructiva, la presencia de las aguas del Eresma como fuerza motriz desencadenante de un desarrollo industrial que contribuyó a marcar la historia de la ciudad, evocan  la pulsación rítmica de las máquinas, los movimientos cíclicos, las relaciones proporcionales, el rigor estructural, la fluidez dinámica y la actividad creativa que sin duda alguna definen el arte musical y que muy bien quedó demostrado con la actuación de Psappha Ensamble de Percusiones.      
            Las enormes posibilidades de la percusión permitieron que a lo largo del siglo XX fuera creándose un lenguaje propio que gracias a la labor de numerosos compositores vanguardistas favoreció la emancipación y conversión de instrumentos acompañantes a la condición de solistas. El repertorio de Psappha Ensamble de Percusiones ilustró ese  panorama en un fascinante viaje a través de cambiantes sonoridades y procedimientos.
            Con el aforo completo, comenzó el exitoso concierto con el hipnótico sonido de las marimbas en un repetitivo diseño rítmico-melódico típico de la música africana en Omphalo Centric Lecture de Nigel Westlake. Una pieza cuyo sentido minimalista la acerca a Music for Pieces of Wood, de Steve Reich, gurú del minimalismo estadounidense que plantea un concentrado orden de secuencias cambiantes de gran complejidad interpretativa. Toda una demostración de sincronización, fuerza y precisión rítmica milimétrica fue Trio per uno de Nebojsa Zivkovic, en la que entre dos movimientos casi salvajes se inserta otro de onírica sonoridad de láminas metálicas sugerente del gamelan. El maravilloso arreglo del famoso Adagio para cuerdas de Samuel Barber dio paso a Musique de Table de Thierry de Mey que, junto a Hematofonía para percusión corporal, de Héctor Infanzón, fueron las piezas más curiosas por su propuesta de que la ejecución rítmica derive en sorprendente y lúdico movimiento coreográfico con espacio para el humor.
            Per suonare a 4 de Aldo Rodríguez hechizó con las onomatopeyas vocales y el sonido tan característicamente mexicano de las marimbas, mientras que el tonante redoblar de los industriales bidones en Stinkin Garbage de Ed Argenziano consiguió transportarnos a la mismísima fragua de Vulcano.       
             
 Publicado en El Norte de Castilla el 30-7-2012


jueves, 2 de agosto de 2012

Bach por Piacere


Bach por Piacere


Accademia del Piacere
Fahmi Alqhai, quintón y dirección
Rami Alqhai y Rodney Prada, violas de gamba
Alberto Martínez Molina, clave y órgano
Enrique Solinís, tiorba
Obras de Johann Sebastian Bach
San Juan de los Caballeros

Luis Hidalgo Martín

            La Accademia del Piacere clausuró la cuadragésimo tercera edición de la Semana de Música Sacra que en sus cuatro sesiones ha ofrecido sendos programas de grande y variado interés en manos de músicos de altísima calidad. Aunque más exitosa en lo artístico que en la afluencia de un público, seguramente mermado por la crisis, la Semana sigue reivindicándose año a año y sólo superada en longevidad por las actividades de la Sociedad Filarmónica se confirma junto a ésta como una de las manifestaciones imprescindibles de la vida cultural segoviana.
            La Accademia del Piacere constituida para esta ocasión por cinco músicos, dos de los cuales pudimos escuchar el año pasado como integrantes de Il Suonar Parlante en un programa dedicado a El Arte de la Fuga, presentó un monográfico de obras de Johann Sebastian Bach correspondientes al periodo de Leipzig y que, curiosamente, todas fueron concebidas para tecla, ya fuera clave u órgano, con la única excepción del Contrapunctus VIII perteneciente al ya citado El Arte de la Fuga que como obra especulativa no estaba destinada a ningún instrumento concreto. Por lo tanto todas las composiciones fueron ofrecidas en adaptaciones a la plantilla instrumental. Esta enriquecedora práctica de la transcripción que era habitual y perfectamente asumida por los compositores hasta casi finales del siglo XVIII da una visión complementaria y  novedosa de la creación musical, pero no debe ser tenida en cuenta a la hora de enjuiciar la calidad compositiva de un autor, salvo por su capacidad para generar una obra nueva a través de la transformación. No cabe duda que en ambos sentidos Bach era un genio y como ejemplo están sus arreglos de Corelli o Vivaldi y también cómo suenan sus composiciones en manos de músicos de jazz o incluso rock.
            Accademia del Piacere y su director Fahmi Alqhai, que además soporta el mayor peso interpretativo, seleccionaron obras de altísimo interés y belleza que les permitieron brillar en musicalidad. La claridad de las violas en el discurso de las voces en el Contapunctus VIII; la fuerza expresiva, casi de concierto orquestal, conseguida en la fantástica Sonata en trío nº 6 BWV 530; el juego ornamental, ya sea por la introducción de sutiles cromatismos o por la leve alteración de los valores rítmicos, o el emotivo crescendo ligeramente accellerando  con que cerraron el Aria final de las Variaciones Goldberg fueron algunos de los principales logros del conjunto. Pero problemas como la progresiva desafinación de algunos instrumentos durante las Goldberg o la fragmentación de éstas por una selección que inevitablemente cercena la milimétrica obra de ingeniería estructural ideada por Bach, así como la falta de contrastes debida a una sonoridad demasiado grave en la Sonata en trío nº 3 BWV 527 restaron magia al Piacere.

Publicado en El Norte de Castilla el 29-7-2012

             

             

miércoles, 1 de agosto de 2012

Brodsky Quartet, la tormenta


Brodsky Quartet, la tormenta


Brodsky Quartet
Daniel Rowland e Ian Belton. violínes
Paul Cassidy, viola
Jacqueline Thomas, violonchelo
Obras de Purcell, Tanaka, Beethoven, Schubert, Puccini y Debussy
Sala de la Galera del Alcázar

Luis Hidalgo Martín

            No creo exagerar si digo que el acontecimiento musical del año en la provincia de Segovia es la actuación del Brodsky Quartet en la Semana de Música de Cámara. Esta agrupación inglesa que inició su andadura en 1972 se ha convertido en una de las instituciones más sólidas en el mundo de la música clásica. Es desde hace años referente principal en las interpretaciones de las obras más importantes de los compositores fundamentales del género cuartetístico, el más complejo y el que mejor contiene la esencia de la composición musical, y como ejemplo hay que destacar sus versiones de autores como Shostakovich o Beethoven a los que, después de lo escuchado el jueves en el Alcázar, habría que sumar su radical Debussy. Y es que el Brodsky Quartet, del que pudimos disfrutar en este mismo ciclo hace ya doce años, se distingue, aparte de por una puesta en escena que se aleja del encopetamiento habitual que suele reinar en el panorama clásico, por la fogosidad, vértigo y audacia de sus interpretaciones, por una manera de hacer música que se aparta de los convencionalismos y por una técnica y sincronización apabullantes.
            El éxito del concierto de Brodsky Quartet que transcurrió bajo la fuerte tormenta y obligó a trasladar el escenario del Patio de Ármas a la sala de La Galera, residió también en la elección de un repertorio en el que ni una sola nota estaba de más, con lo que el conjunto inglés demostró que no sólo sabe tocar bien sino que también sabe programar, destreza que no siempre convive con el virtuosismo. Ordenadas en dos partes que arrancaban con una pieza en un único movimiento, seguida de una obra de homenaje mortuorio que desembocaba en un gran cuarteto, todas las composiciones planteaban alguna novedad en el tiempo en el que fueron escritas, es decir, todas fueron vanguardistas en su momento, y todas aportaron al concierto una oportunidad para que los músicos explotaran sus cualidades técnicas y exploraran diversos lugares expresivos.
            Ya la Chacona en sol menor de Henry Purcell fue toda una declaración de intenciones de lo que después escucharíamos. Comprometida en una expresión profunda y sin concesiones al manierismo estilístico de algunos conjuntos especializados en el Barroco, dio paso a la composición de la japonesa Karen Tanaka, Ante la tumba de Beethoven, que establecía el paralelismo de honda emoción y carácter funerario de tombeau con Crisantemi de Puccini, ubicada ya en la segunda parte. 
               El amargo y tortuoso Cuarteto Serioso Op. 95 De Beethoven tuvo como marco sonoro la fase más activa de la tormenta que derivó en un arrollador huracán expresivo de los músicos.
            En la segunda parte, iniciada con el trágico Movimiento de Cuarteto D. 703 de Schubert, residió el momento culminante del concierto durante la interpretación del Cuarteto en sol menor de Debussy que representó el encuentro con la luz en un concierto marcado por la oscuridad y densidad de las obras, escritas todas ellas en modo menor. La sustancial lectura del Brodsky Quartet maravilló con sus amplios arcos dinámicos, con una textura fibrosa y un temperamento vital e intensamente comprometido en busca de la misteriosa belleza que tan singular obra entraña.
            Fuerza, sonoridad, carácter, velocidad... Brodsky Quartet, la tormenta.

Publicado en El Norte de Castilla el 28-7-2012



Ilidio Hidalgo

soledad