domingo, 26 de julio de 2015

Canto por gusto



40 Festival de Segovia
Aftershave Quartet
Ángel Rodríguez, lead
Isidro Anaya, bajo
Jerónimo Marín, barítono
Ricardo Leal, tenor
Composiciones de Schmidt, Jones, Berlin, Rossini, Liles, Sherman, Chaplin y Bernstein
San Juan de los Caballeros - Museo Zuloaga


             Georg Friedrich Haendel cerró su quinta suite para clave con un famoso aria con variaciones -fuente de inspiración para numerosos compositores posteriores- cuyo bucólico nombre, literalmente traducido, es "El herrero armonioso". Cándido título que me lleva a pensar que si un herrero puede ser armonioso, porqué no, un carpintero puede ser rítmico o un barbero cantarín. El concierto de Aftershave Quartet en el Festival de Segovia nos acercó un repertorio que surgió en aquellos tiempos, aún no demasiado lejanos, en los que los oficios se realizaban cantando. Años en los que la tiranía de los medios audiovisuales aún no había enlatado la música ni nos había convertido en monotemáticos y mediocres tertulianos político-económicos o deportivos.
            Los innumerables cantos de trabajo que siempre han preservado los folkloristas europeos, tuvieron una evolución diferente en Norteamérica.  Gracias a esa -a veces positiva- obsesión de los estadounidenses de crear un mundo nuevo, entre los años finales del siglo XIX y las tres primeras décadas del XX fue gestándose un repertorio basado en melodías populares a las que, de manera espontanea, los cantores añadían voces paralelas creando una polifonía fundamentalmente homofónica de un gran interés armónico y a la que la música moderna actual debe muchas de sus características. Un estilo conocido como Barbershop que Aftershave Quartet se ha empeñado en popularizar en nuestro país.
            Y como otras veces he comentado, nada mejor para divulgar y ganar adeptos que mezclar calidad, didáctica y entretenimiento. Precisamente los tres pilares básicos en los que se sustentó el éxito del recital de Aftershave Quartet en San Juan de los Caballeros lleno de un público expectante.
            La calidad, antes mencionada, residió en la belleza vocal, la clara dicción del texto, la corrección en afinación y empaste, así como en una fluctuación dinámica que creó numerosos contrastes y contribuyó a realzar la emotiva expresión de un canto realizado y escuchado con verdadero gusto. Las presentaciones de las canciones o aquellas que versaron sobre el origen, evolución del estilo y función de las cuatro voces en la estructura armónica, aportaron felices ideas dentro de una distendida erudición, con lo que el aspecto didáctico fue ricamente resuelto. En cuanto al entretenimiento, hay que decir que todo el concierto fue puro divertimento por la elección de un repertorio bien estructurado, exigente y de gran belleza -aspecto que puede sumarse en calidad- combinado con una gestualidad que contribuye al realce de la expresión y un fino sentido del humor que establece una magnífica comunicación con el espectador.
            Una conmovedora reelaboración de la famosísima Amapola de José Lacalle, junto a un barbershop y un nostálgico popurrí  de los ochenta con temas como Pongamos que hablo de Madrid, Bailando, La chica de ayer o Déjame, fueron las propinas con las que Aftershave Quartet agradeció los entusiastas aplausos del público.

Luis Hidalgo Martín
(Publicado en El Norte de Castilla. domingo 26-7-2015)












           

            

sábado, 25 de julio de 2015

Bach, una obsesión



46 Semana de Música de Cámara
Camelot Ensemble
Daniel del Pino, piano
Mª Antonia Rodríguez, flauta
Lina Tur, violín
Alejandro Garrido, violín y viola
Mª Ángeles Herrero, viola
Iván Siso, Alejandro Marías y Álvaro Llorente, violonchelos
Alberto Román, contrabajo
Obras de Bach, Ysaÿe, Kapustin, Popper, Varèse y Wild
San Juan de los Caballeros - Museo Zuloaga


             Finalizó la Semana de Música de Cámara con el concierto de Camelot Ensemble en San Juan de los Caballeros. Capitaneado por el pianista Daniel del Pino, siempre embarcado en interesantes propuestas, el conjunto abordó un programa centrado en las influencias que Bach ejerció en los compositores posteriores a través de un elenco de obras de gran variedad estilística e instrumental unidas por su singular belleza.
            Integrado por algunos de los más importantes valores de la música nacional actual como la flautista Mª Antonia Rodríguez o la violinista Lina Tur, el Camelot Ensemble enmarcó su recital con los Conciertos de Brandemburgo nº 5 y 6 de Johann Sebastian Bach. Si en el primero, tras un arranque dubitativo, la principal cualidad interpretativa residió en un singular y muy detallado planteamiento dinámico de conjunto en el que impresionaron algunos reguladores de gran amplitud, el segundo, como brillante cierre de velada, se caracterizó por una configuración sonora de gran densidad, debida al tono grave de los instrumentos y especialmente a la realización del continuo en el piano, sobre la que cálidamente emergieron las aterciopeladas violas de Mª Ángeles Herrero y Alejandro Garrido.  
            Como muy bien recordó Lina Tur "para muchos Bach es Dios, para algunos, una obsesión". Bendita obsesión los dos movimientos extremos de la Sonata nº 2 para violín solo de Eugène Ysaÿe con ese mágico sonido de la violinista y el carácter impreso a los arpegios de los que igual emanan ecos del preludio de la tercera partita bachiana o del Dies irae.
            El Trío Op. 86 para flauta, violonchelo y piano de Nikolai Kapustin fue una de las interpretaciones mejor acogidas por el público. Sin duda es una música fascinante por su brillantez y eclecticismo que fue fantásticamente servida por los músicos en un auténtico alarde instrumental.
            Los momentos más destacados en el aspecto emocional fueron Réquiem de David Popper, en el que los violonchelistas Iván Siso, Alejandro Marías y Álvaro LLorente exhibieron precioso y emotivo sonido; Density 21.5 para flauta sola de Edgar Varèse, pieza breve de gran intensidad y efecto muy bien resuelta y el bellísimo Hommage à Poulenc de Earl Wild, cristalina rearmonización pianística de la Sarabande de la Partita 1 de Bach. 
            Precioso epílogo para una breve Semana de Música de Cámara.

Luis Hidalgo Martín
(Publicado en El Norte de Castilla. sábado 25-7-2015)












               

¡Feliz día de Santiago


Hoxe hai que sentir en galego:

"Canta...!
paxariño can-
ta- de poliña en pon-
la- que o sol se levan-
ta- polo monte ver-
de- polo verde mon-
te- alegrando as her-
bas- alegrando as fon-
tes...!

Canta, paxariño alegre,
canta!
Canta porque o millo medre.
Canta!
Canta porque a luz te escoite.
Canta!
Canta que fuxeu a noite."

Alborada

Rosalía de Castro



viernes, 24 de julio de 2015

Existir para emocionar


Existir para emocionar


46 Semana de Música de Cámara
Da Kamera
Hiro Kurosaki, violín barroco
Ruth Verona, violonchelo barroco
Alberto Martínez Molina, clave
Obras de Haendel, Vivaldi, Corelli y Bach
San Juan de los Caballeros - Museo Zuloaga


             Como no podía ser menos, dada la importancia del género, la música instrumental barroca tiene siempre un lugar asegurado en la Semana de Música de Cámara. Suele ser este uno de los conciertos más cuidados por elaboración de programa y la calidad de sus intérpretes, casi siempre especialistas de auténtico renombre, lo que le convierte habitualmente en uno de los platos fuertes en cada edición del ciclo, aunque la afluencia de público no suele ser tan importante como en otras veladas.
            Es cierto que la música barroca no es sencilla para el oyente, no tiene la transparente alegría propia de los compositores clásicos o esa impronta pasional característica del Romanticismo; pero nada de lo que conocemos sería igual sin los compositores del fascinante periodo barroco. La creación de las formas musicales, la variedad instrumental, el desarrollo de la armonía, la evolución de un contrapunto dinámico alejado de la austeridad renacentista, el gusto por la improvisación y un inefable gusto por lo extravagante, que es germen del virtuosismo propio del siglo XIX, son sólo algunas de las virtudes de un momento histórico fundamental en el arte sonoro. Pero si todo esto -mas  obras de los cuatro compositores más representativos del periodo- es mezclado en un concierto por las manos de unos intérpretes de consumada técnica, magistral compenetración y cuya máxima principal es existir para emocionar, el resultado no puede ser otro que el obtenido por Da Kamera en su exhibición en San Juan de los Caballeros: Éxito.
            Difícil es destacar algún momento cuando todo transcurrió en altos niveles de intensidad y calidad. Pero entre la preciosa y serena Allemande  de la Partita 4 de Bach, las brillantes variaciones sobre la Folía de la Sonata XII de Corelli y las cuatro italianizantes sonatas da chiesa de Haendel, Vivaldi y Bach, me decantaría por la emotiva interpretación del Largo inicial de la Sonata para violonchelo y continuo  de Vivaldi, la sincronía de la vigorosa y contrastada lectura de la Folía, la limpidez en el fraseo y ornamentación de la Sonata BWV 1021 de Bach y la elegante -a la vez que enérgica- recreación de la aristocrática Sonata HWV 371 de Haendel, sin olvidar el precioso sonido del clave en la Allemande bachiana.   
            Múltiples delicias destiladas en un concierto hermoso.
           
Luis Hidalgo Martín
(Publicado en El Norte de Castilla. viernes 24-7-2015)











jueves, 23 de julio de 2015

Cuatro pianos

Cuatro pianos


46 Semana de Música de Cámara
Míriam Gómez-Morán, pianos
Guillermo Peñalver, traverso
Arturo Muruzábal, violonchelo
Obras de Haydn, Christian Bach, Beethoven, Xaver Mozart, Granados, Liszt y Brahms
Sala de la Galera de El Alcázar

Luis Hidalgo Martín

             Cuatro pianos. No, no es el título de ninguna composición de John Cage, aunque el afán de modernidad del sublime compositor estadounidense le llevase,  a través de su piano preparado, a encontrar algunos sonidos muy parecidos -extraña paradoja- al de los pianos históricos que el martes pudimos escuchar en la deslumbrante y muy calurosa sala de la Galera de El Alcázar.
            Cuatro pianos, desde un pianoforte Houston de 1794 a un piano Ehrbar de 1883 con mecánica vienesa, pasando por un pianoforte Clementi de 1801 y un piano de cola Kirkman de 1866 con mecánica inglesa, fueron los protagonistas del segundo concierto de la Semana de Música de Cámara. Pero el encanto de éstas joyas instrumentales que en su momento tanta controversia generó, no habría superado el mero interés museístico de no ser por Mírian Gómez-Morán, espléndida a la hora de insuflar vida a unos instrumentos complejos y muy alejados del concepto sonoro pianístico de nuestros oídos modernos. Y si brillante estuvo la pianista en las obras solistas, no menor puede ser el calificativo en aquellas en las que colaboró con el etéreo flautista Guillermo Peñalver o  el violonchelista Arturo Muruzábal.
            Otro punto fuerte fue el programa, un interesante recorrido paralelo a la evolución del piano desde el Clasicismo hasta el Romanticismo tardío de Granados. Si bien la obra cumbre fue la Sonata nº 1 para violonchelo y piano de Brahms -en vigorosa interpretación de maravilloso empaste entre el piano Ehrbar y el cremonense violonchelo Ruggeri de 1723- la inclusión de obras de hijos de inmortales maestros como Bach y Mozart aumentó el interés, no tanto en el caso de Johann Christian Bach -gran compositor y frecuente en las programaciones- como sí en el de Franz Xaver Mozart que siempre vivió oculto bajo la sombra de su padre y cuya producción musical permanece casi inédita.
            Un bello concierto que -sin tener en cuenta los notables problemas de afinación de alguno de los instrumentos- me plantea la duda de si, en el caso de los pianofortes ¿no es contradictorio pretender restaurar y recuperar el sonido que experimentaron los hombres del Clasicismo o del Romanticismo presentándonoslo a través de una amplificación eléctrica que altera el espacio sonoro?
           
Luis Hidalgo Martín
(Publicado en El Norte de Castilla. jueves 23-7-2015)











miércoles, 22 de julio de 2015

Esplendor



Esplendor


46 Semana de Música de Cámara

Brillant Magnus Quintet
Javier Martínez, Luis Martínez y Juan Ignacio Lozano, trompetas
Eva María Sánchez, timbales
Carlos Hugo Paterson, órgano
Obras de Mouret, Bach, Cabanilles, Haendel, Vivaldi, Pachelbel, Purcell, Buxtehude y Charpentier

Catedral de Segovia


             Como viene siendo habitual desde hace cuarenta y seis años, la Semana de Música de Cámara reserva uno de sus conciertos para dar oportunidad al realce de los órganos de la Catedral. Fuera de los actos litúrgicos, que en los últimos años cuentan con el concurso de dos magníficos organistas segovianos como Javier Santos y Ángel Montero, no son muchas las ocasiones de poder escuchar estos instrumentos, de ahí que este tipo de iniciativas como la organizada por la Fundación don Juan de Borbón encuentren siempre una respuesta de público formidable.
            Pareciendo ya superada la polémica sobre la restauración llevada a cabo hace cuatro años del órgano de la Epístola, llama poderosamente la atención que Brillant Magnus Quintet se decantase para interpretar su concierto por el órgano del Evangelio, de mayor amplitud pero con registros deteriorados y pendiente también de una necesaria, minuciosa y respetuosa restauración.
            El programa ofrecido por el espectacular Brillant Magnus Quintet recorrió algunas de las más célebres páginas del momento más esplendoroso del Barroco. El, no por frecuente menos hermoso, Jesus bleibet meine Freude de Bach, el himno procedente del oratorio Judas Macabeo de Haendel -tan habitual en ceremonias nupciales- el impetuoso preludio del Te Deum  de Charpentier, ofrecido como propina, o la siempre impresionante Batalla Imperial  de Cabanilles (cuya autoría es últimamente cuestionada por la musicología moderna) fueron muy bien acogidas por el público y demostraron que no siempre los programas inéditos son los más exitosos.
            La espectacular Sinfonía de Fanfarrias de Mouret, el Concierto en re mayor de Vivaldi -uno de los muchos que Bach reescribió- así como el dinámico Sound the trumpet de Purcell o el bellísimo Preludio y fuga de Pachelbel, marcaron momentos de gran interés interpretativo por la variedad -tanto de carácter como de combinaciones instrumentales- empaste de las tres trompetas y belleza de sonido. Cualidades positivas que no obstante se vieron mermadas por las constantes pausas para afinar y por ciertas descoordinaciones rítmicas del conjunto de trompetas y timbales con respecto a la parte organística, posiblemente debido a una audición defectuosa entre los intérpretes.
            La presencia de trompetistas y timbalista en la parte delantera del coro fue un acierto más al añadir el interés visual que en los conciertos organísticos suele estar ausente.   

Luis Hidalgo Martín
(Publicado en El Norte de Castilla. miércoles 22-7-2015)











           


domingo, 19 de julio de 2015

Los mil y un sonidos

Los mil y un sonidos


40 Festival de Segovia
Orquesta Sinfónica de Castilla y León
Guillermo Pastrana, violonchelo
Eduardo Portal, director
Obras de del Puerto y Rimsky-Kórsakov
Jardín de los Zuloaga
Luis Hidalgo Martín

             Una vez más la Orquesta Sinfónica de Castilla y León protagonizó el concierto de la sección En abierto del Festival de Segovia que en este año alcanza ya su cuadragésima edición. Si el año pasado su actuación en este mismo marco del Jardín de los Zuloaga dejó cierta sensación de ser un mero trámite, en la noche del pasado viernes pudimos disfrutar de una orquesta mucho más compacta e implicada en la interpretación de un repertorio fascinante y brillantemente concertado desde el podio por Eduardo Portal.
            Al precioso programa, configurado por ese colosal icono sonoro del nacionalismo ruso que representa Scheherezade de Nikolái Rimski-Kórsakov y el sutil mundo colorista del concierto para violonchelo y orquesta Campos de Tauro de David del Puerto, se unía el protagonismo -en la composición de del Puerto- de uno de los más firmes valores musicales nacionales, el violonchelista Guillermo Pastrana.
            Obra de gran dinamismo, detallista en la tímbrica, con alternancia de paisajes sonoros de firmeza rítmica y crepusculares tiempos lentos que se suceden sin interrupción a lo largo de cinco movimientos, el concierto Campos de Tauro de David del Puerto, dedicado al propio Pastrana, fue una maravillosa página en la que el violonchelista exhibió una técnica portentosa con un sonido precioso y una prodigiosa sensibilidad musical. Ilustrativa definición del compromiso compositivo e interpretativo que Campos de Tauro entraña es ese final caracterizado por un sobrecogedor suspiro en el agudo del chelo que poco a poco va desvaneciéndose en un prolongado pianísimo.   
            Los mil y un sonidos, esa ha sido siempre mi idea sobre la exuberancia musical de Scheherezade de Rimsky-Kórsakov. Una fastuosa suite orquestal de opíparos manjares musicales para el oyente pero repleta de trampas para el intérprete. Y si en la primera parte el protagonismo fue para el violonchelista y el compositor, aquí Eduardo Portal fue el valeroso capitán que luchó contra las adversidades para arribar a buen puerto. Su técnica y dotes de concertador hicieron que las ya conocidas deficiencias acústicas del lugar pasasen a un oscuro plano, mientras que  la ductilidad de su dirección y el vigor expresivo de momentos auténticamente heróicos convirtieron la escucha en una emotiva experiencia no exenta de tensión, cuando no pánico, en algunos instrumentistas, ante esa espada de Damocles que supuso la aparición de una incierta lluvia en el último minuto del concierto.
            La deslucida huida de la orquesta no permitió que los protagonistas recibieran el aplauso merecido en toda su extensión.
           

Luis Hidalgo Martín
(Publicado en El Norte de Castilla. Domingo 19-7-2015)



Ilidio Hidalgo

soledad