viernes, 24 de julio de 2009

Soñar música
















40 Semana de Música de Cámara
Guillermo Pastrana, violonchelo
Pedro Gavilán, piano
Obras de Penderecki, Schubert, Kovacs y Piazzolla
San Juan de los Caballeros.

Los tres últimos conciertos de la Semana de Música de Cámara han abordado, en la magnífica acústica de San Juan de los Caballeros, el repertorio camerístico puro. Superada ya la espectacularidad de las dos orquestas que abrieron el ciclo, y tras el paréntesis de la danza, la Semana se ha cerrado con los conciertos más íntimos, aquellos en los que la relación entre artista y público se acerca al terreno de la confidencialidad, sin duda la mayor maravilla de la música de cámara.
El asombroso nivel que algunos jóvenes músicos españoles ha alcanzado en los últimos años puede comprobarse en el Festival Joven que en distintos escenarios de la ciudad y la provincia se está desarrollando en estos días, pero los conciertos de la Semana de Cámara protagonizados el martes por el pianista Luis Fernando Pérez y el miércoles por el violonchelista Guillermo Pastrana, han dejado claro que ya no hablamos sólo de grandes promesas sino de una realidad que pasa por estar ante grandes músicos capaces ya de estar muy arriba en la escena internacional. El concierto de Guillermo Pastrana y el pianista cordobés Pedro Gavilán, aunque con un programa algo disperso, fue una auténtica delicia por la belleza de la música y por la musicalidad del violonchelista. Todo en él apunta a un profundo amor hacia la música que, más que tocar, parece soñar. La obra de Penderecki para violonchelo sólo con la que Pastrana abrió el concierto dio muestra ya de la amplia paleta expresiva de la que es dueño el intérprete granadino.
La encantadora Sonata Arpeggione de Schubert brindó oportunidad al lucimiento en do. El gran entendimiento entre los dos instrumentistas permitió un dialogo claro -aunque quizás abrir la tapa del piano hubiese permitido un sonido más cercano- con momentos mágicos en el Adagio central.La segunda parte se inició con otro solo de violonchelo, el Dolcissimo de Kovacs, una obra reivindicativa de la mujer en la sociedad y que es pura delicia ya por la belleza absoluta que irradia, ya por su capacidad reflexiva, o incluso por ese detalle de exigir el canto a media voz del interprete y donde Pastrana mostró un sugerente falsete. La fuerza rítmica y expresiva es una de las constantes de la música de Piazzolla y, precisamente, esos fueron dos de los factores que destacaron en la recreación que el do de andaluces hizo de El Gran Tango. De nuevo el buen entendimiento entre los músicos permitió momentos memorables, de los que el arrollador final podra ser el más destacado.
El festival de virtuosismo de unas violinísticas variaciones de Paganini se convirtió en un remanso de somnolienta placidez en la Nana de Falla, que como agradecimiento a los aplausos de un público, menos numeroso, pero igual de entusiasta que otros días, sirvieron para cerrar el concierto.

Luis Hidalgo Martín

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Ilidio Hidalgo

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