viernes, 29 de julio de 2016

Emoción a flor de piel





Al hilo de la triste y prematura muerte de Nicolau de Figueiredo aquí está mi crítica de su concierto el 24 de julio de 2008 en la Semana de Música de Cámara de Segovia. El tiempo pasa, pero algunas cosas siguen plenamente vigentes. 


Emoción a flor de piel

Domenico Scarlatti y después Luigi Boccherini tuvieron la buena y mala suerte de recabar en la corte española. Por un lado se empaparon de la música popular y crearon un lenguaje vanguardista, especial y propio y por otro se vieron relegados a una segunda fila en el reconocimiento internacional debido a la poca influencia de la España del siglo XVIII.

Pero para hacer justicia a la música, en este caso de Scarlatti y de un escasamente reconocido Antonio Soler, sirven conciertos como el ofrecido el jueves por el impresionante clavecinista brasileño Nicolau de Figueiredo dentro de la Semana de Música de Cámara. Posiblemente esta haya sido la más impactante actuación dentro de lo hasta ahora acontecido y desgraciadamente fue presenciada por un pequeño número de espectadores. Es evidente que hay quien solamente se siente atraído por los grandes nombres sin reparar en la calidad, interés, o simplemente búsqueda de la sorpresa. Sin duda este no es un problema de este ciclo sino que forma parte de la idiosincrasia segoviana y esta incapacidad para nutrir propuestas culturales de esta calidad con un número digno de espectadores es uno de los grandes lastres que la candidatura de Segovia a la capitalidad cultural europea padece sin que parezca que se haga nada por evitarlo. Quizás menos fastos y acumulación de espectáculos y un reconocimiento de la realidad junto a un mayor compromiso con la didáctica, la estimulación y la valoración de los elementos culturales propios ayudasen a corregir el problema.

Es muy difícil describir la interpretación de Nicolau de Figueiredo pues hay que verlo y escucharlo para entender cuales son las causas que generan la fascinación, pero con gran esfuerzo podría reducirse a la elección de repertorio y una enorme técnica y compromiso interpretativo. La música de Scarlatti y su alumno Soler es una maravilla en su fusión del estilo barroco italiano y la música popular española. Las peculiares imitaciones guitarrísticas, las vertiginosas repeticiones de notas y los característicos giros rítmicos y melódicos que nuestro oído moderno relaciona con el flamenco y que sin embargo son previos a este y forman parte del folclore español desde siglos, se amoldan perfectamente en la sonata bipartita con un gran talento inventivo y un embriagador gusto por la disonancia. Con estos mimbres, a través de un apabullante virtuosismo, claridad en el fraseo y conducción de las voces y una expresión fantásticamente adecuada a cada momento, la emoción que el clavecinista transmite es  una autentica fiesta para el alma.

Su interpretación del Fandango de Soler  fue un hito que guardaré en mi memoria. Ojalá volvamos a escucharle pronto y entonces seamos más.


Luis Hidalgo Martín


39 Semana de Música de Cámara de Segovia

Nicolau de Figueiredo, clave
Obras de Scarlatti y Soler

San Juan de los Caballeros








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Ilidio Hidalgo

soledad