miércoles, 21 de julio de 2010

¡Molto fragile!




41 Semana de Música de Cámara

Cantus Cölln

Konrad Junghänel, tiorba y director

Vespro della Beata Vergine de Claudio Monteverdi

San Juan de los Caballeros-Museo Zuloaga




La jornada del domingo se presentaba como la más intensa del Festival de Segovia. Por la mañana, San Juan de los Caballeros acogió el concierto-coloquio de Iberian & Klavier y Andrés Ruiz Tarazona, en el que música española para piano a cuatro manos, magníficamente ilustrada por los eruditos y amenos comentarios de Ruiz Tarazona, fue fantásticamente interpretada por el dúo formado por Laura Sierra y Manuel Tévar. Precisión, magnífica compenetración y musicalidad fueron las principales características de su interpretación, que abordó obras de José de Murguía, Ernesto Halffter, Joaquín Rodrigo y del propio Manuel Tévar. Y precisamente las tres piezas del Cuaderno nº 1 de la Suite colorista de este compositor madrileño fueron la revelación de la sesión, por su limpieza de factura, sus dotes expresivas, delicadeza y singular belleza.



Ya por la tarde, en el Patio del Colegio de Arquitectos y dentro del Festival Joven, la guitarrista Paola Requena abordó un programa de gran exigencia técnica muy bien acogido por el público.



Pero el plato fuerte de la jornada, y pienso que también de todo el Festival, se reservaba para la noche en San Juan de los Caballeros, donde Cantus Cölln y Konrad Junghänel recrearon 'Vespro della Beata Vergine', con la que Claudio Monteverdi inaugura una nueva concepción musical y que, junto a la Misa en Si menor de Bach, el Réquiem y la Gran Misa en Do menor de Mozart, la Missa Solemnis de Beethoven o la Sinfonía de los Salmos de Stravinsky, es uno de los más grandes monumentos, no sólo de la música religiosa, sino de la música en su más amplia extensión. Cuando se interpreta una obra así me gusta calificar la ocasión como acontecimiento, pero cuando además se hace con la solvencia, detalle, concentración, precisión, transparencia, sensibilidad y -como me decía una autoridad tan importante en la apreciación musical como Víctor Burell- valor con que nos asombró el conjunto alemán, hay que adjetivar y decir que es un acontecimiento excepcional.
Conviene destacar la sensibilidad, detalle y valor porque es esta una obra, pese a la fuerza expresiva y potencia sonora de algunos números, de extrema fragilidad cuya filigrana estructural se asienta en la sutileza y donde cualquier mínimo error puede magnificarse dando al traste con todo el edificio sonoro. Pero las tremendas dificultades de la partitura del genial compositor italiano fueron resueltas con absoluta maestría y especial cuidado protector para hacer brillar aún más una creación exquisita y singular como pocas.

Luis Hidalgo Martín (El Norte de Castilla)


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Ilidio Hidalgo

soledad